¿Por qué en un país que envejece a pasos agigantados, seguimos actuando como si el talento tuviera fecha de vencimiento? El Censo 2024 nos proyecta un futuro inequívoco: en 2050, más del 32% de la población será mayor de 60 años, mientras la población más joven se contrae. Las cifras son claras, pero nuestras prácticas laborales se empeñan en mirar hacia otro lado, desperdiciando un capital humano invaluable que, paradojalmente, Chile necesita más que nunca.
La realidad es cruel con los profesionales "senior". Cruzar la barrera de los 50 años en el mercado laboral chileno es, para muchos, recibir una sentencia de obsolescencia implícita. Los procesos de selección, cargados de sesgos etarios, descartan sistemáticamente a quienes acumulan décadas de experiencia, etiquetándolos como "sobrecalificados", "poco flexibles" o directamente "mayores", en un país donde la expectativa de vida y la edad de jubilación siguen al alza.
Este "edadismo laboral" no es solo una injusticia social y un atentado contra la dignidad de quienes aún desean y necesitan seguir activos —recordemos que un 80% de los mayores que trabajan quieren seguir haciéndolo, un 62,5% por motivos económicos—, sino que es un acto de sabotaje a nuestra propia productividad.
"Cruzar la barrera de los 50 años en el mercado laboral chileno es, para muchos, recibir una sentencia de obsolescencia implícita basada en prejuicios".
¿Qué buscamos cuando descartamos a estos talentos? Estamos desechando la resiliencia que otorgan los años, la capacidad para navegar crisis, la visión estratégica y una inteligencia emocional que solo se forja con la experiencia. Mientras el mundo reclama adaptabilidad y pensamiento crítico, nosotros miramos con desdén a quienes han vivido y resuelto múltiples escenarios complejos. Es un contrasentido que duele en las arcas y en el alma.
Por supuesto, no se trata de un combate generacional. El valor está en el intercambio, en la complementariedad, en los equipos intergeneracionales donde los jóvenes aportan energía y frescura digital, y los seniors, perspectiva y memoria histórica de las organizaciones. Esa sinergia es la que realmente mueve la aguja.
Sin embargo, para que esto ocurra, el Estado y las empresas deben remar en la misma dirección. Iniciativas como el programa "Experiencia Mayor" del SENCE o el Subsidio Unificado al Empleo (SUE) con foco en mayores de 55 años son pasos en la dirección correcta, pero aún son insuficientes si la cultura empresarial no cambia.
Necesitamos un cambio de paradigma urgente. Las empresas deben revisar sus políticas de contratación, eliminar sesgos y diseñar estrategias de retención que valoren la trayectoria. La flexibilidad laboral y el trabajo por proyectos también son vías para integrar este valioso conocimiento sin los costos de un prejuicio absurdo.
Como sociedad, no podemos darnos el lujo de jubilar la experiencia cuando más la necesitamos. La longevidad es un triunfo colectivo, no una carga. Aprendamos a ver en nuestras canas el valor que realmente tienen, porque el país que desprecia a sus mayores está condenado a repetir sus peores errores, en lugar de aprender de quien ya los ha visto y superado.
Solange Martínez Jofré.
Fonoaudióloga, MBA con especialización en Salud.
Diplomada en Geriatría y Gerontología.
Diplomada en Envejecimiento, Vejez y Salud Mental en Personas Mayores.
Diplomada en Salud Mental y Psiquiatría.