Los pro y contras del horario de verano

Por: Mario Henríquez. Académico Escuela de Kinesiología UST Los Ángeles.

La estrategia de cambio al horario de verano tiene sus orígenes en el año 1916 en Alemania, y actualmente es usada en Europa, Estados unidos y Latinoamérica.

El objetivo inicial de esta medida fue el ahorro de energía, sin embargo, sus efectos han sido considerados de gran controversia. Del mismo modo, en Chile este horario consiste en adelantar 1 hora el reloj entre primavera-verano y retrasar el reloj una hora entre otoño-invierno. Esta estrategia se ha aplicado entre 1970 y 2014, no obstante, en el año 2015 dejó de aplicarse para luego volver a utilizarse en el 2016.

Entre los argumentos utilizados para justificar el horario de verano, se encuentran:  Disminuir el ausentismo escolar y promover el ahorro energético, no obstante, se ha mencionado que el objetivo principal de esta medida es reducir el consumo de energía eléctrica a nivel residencial.  Sin embargo, estos efectos no han sido comprobados ni expuestos del todo e inclusive actualmente son cuestionadas.

El horario de verano ha demostrado tener un impacto positivo en la disminución de los accidentes automovilísticos, y también en índices a la baja en cuanto a criminalidad.

No obstante, registros del uso de este horario durante todo un año en Norteamérica, han mostrado un incremento en accidentes fatales de escolares. Por otro lado, el horario de verano y las consecuencias sobre la salud en la actualidad son evidentes.

En los últimos años, investigaciones han mencionado una gran cantidad de efectos adversos relacionados a la salud en seres humanos, debido a que el horario de verano no está alineado con la fisiología de los ritmos circadianos intrínsecos de las personas. Desde este punto de vista se considera el horario de verano como una interrupción del ajuste natural estacional de los ritmos biológicos, los cuales son causados por el efecto natural de la luz del atardecer.

Los ritmos circadianos son cambios físicos, mentales y conductuales que siguen un ciclo de 24 horas. Estos procesos naturales responden, principalmente, a la luz y oscuridad, y afectan a la mayoría de los seres vivos, incluidos animales, plantas y microbios. El sistema circadiano humano posee un reloj maestro llamado, núcleo supraquiasmático (NSQ). Esta estructura es el principal reloj biológico de los seres humanos, sincronizado con el ciclo luz-oscuridad.

De este modo la luz actúa como una potente señal externa para la regulación del ritmo circadiano endógeno, sincronizando a su vez los ritmos biológicos en el ser humano. En cambio, los estímulos no fóticos (no de luz) tales como la comida, actividad física, y actividades sociales juegan un rol igual de importante, pero son considerados menos potentes para el sistema. Por lo tanto, los cambios en la luz observados durante los cambios de hora conllevan retrasos y avances del ciclo sueño vigilia, (dormir más tarde o más temprano) desencadenando un desajuste de los ritmos circadianos.

Esta cascada de eventos adversos para salud desata un incremento de marcadores inflamatorios, dando como resultado alteraciones del ritmo cardiaco y presión arterial. Además, se agregan trastornos del sueño y en consecuencia alteraciones en la salud mental, en los procesos cognitivos y recuperación física tanto en adultos como en niños.

El horario de verano es una fuente de interrupción circadiana que afecta a millones de personas cada año. Estos cambios de hora en el reloj social generan un avance (verano) y retraso (invierno) en las fases del ritmo circadiano. Actualmente, se ha mencionado que la desincronización entre el reloj circadiano interno y el entorno natural tiene consecuencias para la salud humana, tales como un incremento del riesgo cardiovascular, disfunción metabólica y una mayor incidencia de ciertos tipos de cáncer.

Así mismo, estudios recientes han sugerido que el horario de verano ha sido asociado a un incremento en eventos cardiacos como el infarto agudo al miocardio (IAM), en asociación a un impacto negativo sobre la salud cardio-metabólica, observándose inclusive alteraciones sobre los valores normales de hormonas tales como insulina y glucagón.

Del mismo modo, los resultados de algunos estudios actuales han atribuido efectos negativos del horario de verano sobre el ciclo sueño-vigilia, tales como:  Fragmentación y disminución de la calidad y horas del sueño, somnolencia diurna, y disminución en la eficiencia del sueño.

Esto es importante de considerar, ya que los trastornos del sueño han sido altamente asociados a mayores tasas de obesidad (38 %), diabetes mellitus (37 %), enfermedad coronaria (26 %) e hipertensión (17 %).

Las opiniones y posturas en relación con los pros y contras del horario de verano son controversiales. El ahorro energético, la disminución de accidentes de tráfico y crímenes durante este horario poseen evidencia sustancial, sin embargo, los efectos sobre la salud del sueño y los cambios en los patrones circadiano del ciclo sueño-vigilia son evidentes, al igual que el incremento de eventos cardiacos y alteraciones metabólicas, desencadenando efectos adversos para la salud en general.

La comisión europea en 2018 decidió anular el cambio de horario bianual en Europa. En la misma línea la Academia Americana de Medicina del Sueño (AASM) en el 2020, declara que los cambios de horario estacionales deben abolirse y debiera establecerse   un horario estándar nacional fijo durante todo el año.

El argumento común que se sostiene para abolir el cambio de hora es que un horario estándar se ajusta de mejor manera a la biología circadiana del ser humano, evitando los efectos adversos anteriormente mencionados y por lo tanto brindando beneficios para la salud y la seguridad pública.

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