Filósofos y científicos sociales llaman a construir sentido de comunidad para afrontar la desesperanza

  • Con el encuentro Zona Sur, este lunes 23 de agosto comenzó la XVII versión del Congreso Católicos y Vida Pública organizado por la Dirección de Formación e Identidad Santo Tomás. 

Es una de las actividades más destacadas en la semana de Santo Tomás de Aquino. Bajo el lema «La Esperanza en Cristo, en y tras la Pandemia» se desarrolla el Congreso Católicos y Vida Pública, una instancia académico espiritual que tuvo su primera jornada con la mesa redonda virtual protagonizada por el capellán y teólogo José Miguel Alvarado, el Doctor en Psicología Felipe García, el abogado Rodrigo Pérez de Arce, y moderada por Marcelo Fabricio Patroni, director de Formación e Identidad sede Valdivia.

El arzobispo Fernando Chomalí en uno de los colaboradores permanentes durante los 17 años de trayectoria del Congreso. En la apertura de la edición 2021 entregó un mensaje de alerta frente a la compleja realidad que atraviesa Chile y el mundo debido a la crisis sanitaria por el Covid-19:

“La pandemia nos ha enseñado que somos tremendamente vulnerables. Es momento de despertar el sentido estético o contemplativo que Dios puso en nosotros. Nuestra casa común está deteriorada, contaminada y saqueada. Debemos cambiar el estilo de vida asegurando un reparto equitativo de todos los bienes. No podemos amar a Dios sin amar al prójimo y por ello se deben generar formas creativas de fraternidad”.

Complementariamente, Maria Esther Gómez de Pedro, directora nacional de Formación e Identidad Santo Tomás, destacó la importancia de invocar el espíritu de Dios en nuestro quehacer: “Se hace necesaria una esperanza en Cristo, para apoyar las causas humanas. Dios nos tiene destinada la meta del cielo”.

MESA REDONDA VIRTUAL
El capellán, y magister en Teología, José Miguel Alvarado aportó con una mirada desde la espiritualidad bíblica para argumentar que la experiencia de Fe debe ser profundamente existencial haciendo de esta virtud una “actitud de vida”.

Desde su punto de vista, la experiencia de la resurrección está ligada a la esperanza, la cual a su vez se sostiene en la perseverancia, en la paciencia y en el aspecto comunitario. Es decir, preguntarse como solidarizar con quienes son víctima de maltrato, violencia, hostigamiento, problemas de salud u otras dificultades.

“La esperanza está asociada a la Fe en Cristo y a la confianza en aquello que no vemos, aparece en medio de la confusión y el tocar fondo. Pudiésemos pensar que los discípulos lo tenían todo fácil. Sin embargo, el evangelio relata como muchos fueron abandonando en medio de la tempestad”.

ABORDAJE EMOCIONAL
La salud mental ha sido uno de los temas que más relevancia tomó durante la pandemia. En este sentido, el Doctor en Psicología y académico de la UdeC Felipe García Martínez analizó cómo se han conflictuado las emociones. El profesional puso la lupa en cuadros como la depresión, frustración, estrés, ansiedad, crisis de pánico, y la desesperanza.

Al respecto, explicó que la pérdida de sentido en la vida de las personas se produce frente a eventos altamente traumáticos. Ante esta situación, el crecimiento postraumático es la capacidad de aprendizaje en situaciones difíciles. La religiosidad aporta entonces un marco de significado ordenador.

“En otras palabras, el crecimiento postraumático es la percepción de cambios positivos: Pensar, por ejemplo, que soy más fuerte de lo que creía, reconocer que hay gente en la que me puedo apoyar, es abrir los ojos y decir sí, mi vida tiene un propósito”.

Para finalizar la jornada de la Zona Sur, el abogado Rodrigo Pérez de Arce, expuso desde el prisma de la dignidad y los procesos sociales macro, asimilando la desesperanza con la indignación de la ciudadanía. El individualismo, el descrédito de las instituciones y la crisis de la familia, son algunos de los componentes de su diagnóstico.

Para Pérez de Arce el diálogo y la cohesión social fracturadas pueden recuperarse mediante una reinvención de la política en base a un modo de relacionarse que considere como centro a la persona humana:

“Nadie se salva solo. Hay un espacio colectivo que proteger. Los católicos deberíamos partir por reforzar a nuestras comunidades locales desde el reconocimiento de una dignidad profunda, es decir ver al otro como hijo/a de Dios”.

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