El último Censo en Chile confirmó lo que muchos ya intuíamos: nuestra sociedad está envejeciendo a un ritmo acelerado, con tasas de fecundidad en mínimos históricos. En los últimos 30 años, los hogares compuestos exclusivamente por personas de 65 años o más se han triplicado, pasando de un 4,3% a un 11,6%. Para 2050, se proyecta que un tercio de la población chilena superará los 60 años.
Esta realidad, sin embargo, no encuentra respuestas a la altura en nuestro sistema educativo.
Mientras el país se transforma demográficamente, nuestras universidades y centros de formación siguen anclados en paradigmas del siglo pasado, formando profesionales para un Chile que ya no existe.
La pregunta que debemos hacernos como sociedad es simple y urgente: ¿estamos preparando a las nuevas generaciones para comprender y atender las necesidades de una población que vive cada vez más años? La respuesta, con honestidad, es que vamos muy a remolque.
"La gerontología debería ser una prioridad en nuestra oferta académica. Sin embargo, son contadas las instituciones que han incorporado esta mirada en sus mallas curriculares. Formar gerontólogos no es un lujo, es una necesidad estratégica."
Estos profesionales no solo atienden los cambios biológicos del envejecimiento, sino que promueven la integración social, el bienestar y un envejecimiento activo y saludable.
La economía plateada, ese motor económico vinculado a las necesidades de los adultos mayores, ya es una realidad imparable. En América Latina, se estima que cerca del 30% del crecimiento del consumo provendrá de este grupo etario. ¿Quién está formando a los especialistas que diseñarán productos, servicios, políticas públicas y entornos para este nuevo consumidor? La respuesta, hasta ahora, es preocupante.
No se trata solo de formar gerontólogos clínicos. Necesitamos profesionales con visión gerontológica en todas las áreas: arquitectos que diseñen ciudades accesibles, ingenieros que desarrollen tecnologías amigables, abogados que defiendan los derechos de las personas mayores y educadores que promuevan el aprendizaje a lo largo de la vida.
Chile tiene la oportunidad de liderar la región en la formación de capital humano para la longevidad. Pero para eso necesitamos voluntad política y un cambio de mirada. Las universidades deben asumir su rol y comenzar a ofrecer programas de pregrado y posgrado en gerontología, ya que en la actualidad son muy pocas las que cuentan con formación en esta área.
El mercado laboral, por su parte, debe dejar de jubilar la experiencia a los 50 o 55 años y empezar a valorar el talento senior como el activo que realmente es.
"La pregunta ya no es si debemos hacerlo, sino cuándo comenzaremos a tomar esta revolución demográfica en serio. El tiempo se agota y la sociedad en su conjunto no puede esperar."
Por Solange Martínez Jofré.
Fonoaudióloga, MBA con especialización en Salud.
Diplomada en Geriatría, Gerontología y Salud Mental).