¿Cuándo ocurrió el divorcio familia y escuela?

Por Carla Basoalto Flores. Docente de Trabajo Social Universidad Santo Tomás Los Ángeles.

El 26 de abril, se celebra el Día de la Convivencia Escolar, instancia que nos invita a reflexionar: ¿somos realmente conscientes del impacto que tiene en el desarrollo integral de las comunidades educativas la convivencia escolar? Llevamos años haciendo vista gorda al desarrollo socioemocional de nuestros niños/as y adolescentes y al involucramiento de las familias en los procesos educativos, como si fueran factores excluyentes, ¡qué equivocados estamos!

En la actualidad, frente a las diferentes situaciones de violencia escolar que han ocurrido post pandemia, evidenciamos que las crisis de salud mental han ido en aumento, lo que nos llama a ser conscientes de la necesidad urgente de generar cambios que favorezcan el desarrollo integral de nuestros niños/as y adolescentes; se nos olvida, que la escuela es el segundo agente socializador más importante en el desarrollo de una persona, siendo el primero y el más importante la familia.

En el imaginario social, se ha determinado y normalizado que la escuela solo entrega los contenidos académicos, sin embargo, obviamos lo más importante, el aprender a relacionarnos con los pares, a respetar las diferencias de opinión, a ser parte de un grupo, a formar vínculos y un sinfín de aprendizajes que dicen relación con el desarrollo socioemocional de una persona.

Entonces, ¿en qué momento ha ocurrido este divorcio entre la familia y la escuela? ¿en qué momento del avance social nos hemos olvidado de lo importante de mantener el vínculo entre ambos actores de la comunidad educativa?, considerando que ambos contribuyen al desarrollo integral de los niño/as o adolescentes.

Estamos realmente equivocados si creemos que los establecimientos educativos son los responsables de todo, puesto que, sin el rol fundamental que cumplen las familias en el desarrollo de una persona como por ejemplo propiciar los hábitos de estudio, una alimentación nutritiva, el reconocimiento y validación de las emociones, la auto-regulación, y un sinfín de aprendizajes necesarios para el desarrollo social, nada con lo que respecta a una sana convivencia será posible.

Cada uno de los miembros que componen una comunidad educativa como por ejemplo los docentes, asistentes de la educación, los niños, niñas y adolescentes, tienen una familia detrás o forman parte de una familia, que para bien o para mal, les ha entregado las herramientas para formar a la persona que participa hoy de esa comunidad. Entonces, ¿Cómo podemos desconocer aún que el factor primordial en el desarrollo integral de las personas es la familia?

Aquí, es importante hacernos cargo, asumiendo la importancia del rol que nos toca a cada uno, aceptar y respetar la neurodiversidad que converge en una comunidad educativa, ser conscientes de las desigualdades sociales y económicas, de las situaciones de exclusión y discriminación que hoy en el siglo XXI aún están presentes.

Por lo que, tenemos la gran tarea de ocuparnos de promover el desarrollo socioemocional como parte de la formación integral de las personas, porque recuerden, que para que existan espacios de aprendizajes significativos, es necesario un ambiente de seguridad y de confianza en el aula, y eso es responsabilidad de todos los miembros de la comunidad educativa y de la sociedad de la cual son parte.

El fortaleciendo del rol del trabajador social en el espacio educativo, es tan importante en este proceso, puesto que debemos velar por el bienestar social, favorecer e intencionar los espacios colaborativos en los cuales se vinculen la familia y la escuela; reconociendo como tal que el primer espacio social donde se evidencia las necesidades y/o problemas sociales es la escuela, siendo un factor protector en el entorno de los niños, niñas y adolescentes que allí participan.

Así, vemos que la educación no solo dice relación con una instancia de aprender contenidos, sino tal como lo señala Concha Toro (2012) es un fenómeno social, por lo tanto, es responsabilidad de todos tomar conciencia y favorecer la sana convivencia escolar desde el rol que cumplen en el contexto social en el que se encuentra inserta la escuela.

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